Las horribles prácticas sexuales de los hermanos Goins: tres hijos que se casaron con su propia madre.

Cuando transcurrieron dos semanas sin noticias suyas y no se presentó en sus paradas programadas en la zona este del condado, su empleador contactó a las autoridades. El sheriff Compton recibió el informe con su habitual angustia. La última vez que se vio a Pierce fue en una tienda de comestibles cerca de la base de la sierra, donde le dijo al dueño que tenía la intención de visitar a algunas familias en las altas montañas antes de dirigirse al este.

Esto lo condujo por el mismo camino que otros cinco hombres habían seguido sin dejar rastro en los últimos catorce años. Pero esta vez era diferente. Pierce no era un agrimensor solitario ni un predicador itinerante. Era un hombre de negocios con un empleador que exigía respuestas, una esposa que escribía a la oficina del gobernador y contactos que no podían simplemente ignorarse.

La presión sobre Compton para obtener resultados fue inmediata e intensa. El sheriff organizó grupos de búsqueda y pasó semanas rastreando los senderos y valles cercanos a la cresta. Pero las lluvias de primavera de ese año habían sido torrenciales, borrando cualquier rastro o señal de paso. Entrevistó a todos en un radio de 16 kilómetros del lugar donde Pierce había sido visto por última vez, recibiendo las mismas respuestas inútiles que había estado escuchando durante años. Nadie había visto al vendedor.

Nadie sabía nada. La investigación parecía destinada a terminar como todas las demás, con un caso cerrado y una familia sin respuestas, hasta que a principios de junio un joven cartero llamado Thomas Brennan se presentó en la oficina del sheriff. Brennan tenía 23 años y llevaba solo ocho meses repartiendo correo por esa ruta montañosa, tras haber heredado el trabajo de un hombre mayor que se había jubilado.

Sentado frente a Compton, estaba nervioso y se agarraba el sombrero, claramente incómodo con lo que estaba a punto de contar. Explicó que su ruta lo llevaba a pasar por la propiedad de los Goen una vez por semana, y que siempre dejaba el correo de su familia en un buzón al final del sendero, sin aventurarse nunca hasta la cabaña.

Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.