Toda.
El abanico se detuvo.
Por primera vez desde que entré…
la vi perder el ritmo.
—Eso es una formalidad —replicó, aunque su voz ya no sonaba tan segura—.
Mi hija y tu hijo viven aquí.
Es su hogar.
Tú no vas a venir a…
—Precisamente porque es su hogar estoy aquí —la interrumpí—.
Porque alguien ha confundido “ser invitada”… con “ser dueña”.
Y hay que aclararlo.
Saqué el segundo documento.
Un sobre blanco.
Su nombre escrito en negro.
Patricia Hernández.
Lo sostuve un segundo en el aire.
A la vista de todos.
—Hoy no he venido a discutir contigo —dije—.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
