El dinero no compra educación, cariño.
Sonreí apenas.
—Tienes razón en algo, Patricia.
El dinero no compra educación.
Pero sí compra casas.
Y esta…
la compré yo.
Abrí la carpeta.
Saqué la primera hoja.
Una copia simple de la escritura.
Mi nombre.
Bien grande.
La puse en el centro de la mesa.
—Aquí pone “Carmen Ramírez Delgado, propietaria” —leyó uno de los cuñados.
Alejandro respiró hondo.
Como si alguien abriera una ventana.
—Qué cosas, ¿eh? —dije, mirando a Patricia—.
Resulta que no sólo puse el dinero.
Puse también la firma.
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