—¿Por qué debería sentir lástima por ti? Tú no sentiste lástima por mí —respondió Tasia.

—¿Cómo te llamas, cariño?

—Lenuta —dijo la niña entre sollozos—. Mamá está enferma…

Tasia sonrió y sintió un nudo en la garganta.

Él se arrodilló ante ella y le dijo:

—¿Sabes una cosa? Todo estará bien. A veces la vida te enseña a ser fuerte, incluso cuando crees que no puedes más.

En ese instante, Tasia comprendió que la rueda de la vida seguía girando. Que el dolor del pasado se había transformado en la fuerza del presente.

Miró al cielo y, por primera vez en años, sintió que su madre volvía a sonreír.

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