Personas que vivieron vidas ejemplares para Dios, cuyas historias nos inspiraron a vivir con más fe, más dedicación y más amor por Cristo cada día.
Isabella siguió rezando y yo cerré los ojos, intentando rezar también, pidiéndole a Dios claridad sobre lo que veía y sentía por dentro.
En ese instante, con los ojos cerrados, sucedió algo que cambió mi vida para siempre. Escuché una voz —no externa, sino interna— clara y firme.
“Ruth, abre tu corazón. No viniste aquí para proteger a Isabella. Viniste para sanarte a ti misma y descubrir algo que has ignorado durante años. Durante cuarenta y dos años has predicado sobre mi amor, pero has limitado la manera en que ese amor puede fluir libremente hacia otros corazones. Hoy aprenderás que mi amor es más grande que tus doctrinas, más amplio que tus límites, más profundo que todo lo que has enseñado hasta ahora.”
Abrí los ojos de inmediato, confundida y temblando. Busqué con la mirada a alguien que hubiera hablado, pero todos permanecían en silencio, absortos en sus propias oraciones.
Miré a Isabela, que seguía arrodillada, y vi algo que me conmovió profundamente. Las lágrimas corrían por sus mejillas, pero no eran lágrimas de tristeza; eran lágrimas de pura alegría.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
