Era el atardecer y caía una ligera llovizna. La señora Turner caminaba despacio por el sendero de tierra, apoyándose con fuerza en su bastón. Sobre su hombro, una vieja bolsa de tela descolorida contenía algunos papeles y una pequeña cantidad de dinero, apenas suficiente para un trozo de pan.
Tenía setenta años. Le temblaban las piernas a cada paso, pero ese día lo había decidido: tenía que ir. Necesitaba ver a su hijo, Daniel, al niño que había criado con todo su amor y sacrificio.
No había habido nada que comer en casa durante días. El hambre la había agotado. No le quedó más remedio que pedirle ayuda a su hijo.
Daniel ahora era dueño de una ferretería. Vivía cómodamente: una casa grande, un buen coche, todas las comodidades. La señora Turner creía que, por muy ocupado que estuviera, no dejaría que su madre pasara hambre.
Para ver as instruções de preparo completas, vá para a próxima página ou clique no botão Abrir (>) e não se esqueça de COMPARTILHAR com seus amigos no Facebook.
