Una madre soltera llevó a su hijo con fiebre al trabajo... Nunca imaginó que un jefe de la mafia le ofrecería un trato que lo cambiaría todo.

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Cuando llega la confirmación final, te encuentra en la mesa.

"Derek está detenido sin fianza inmediata", dice. "Cargos agravados por amenazas, acoso y reapertura de su expediente por violencia doméstica. No podrá acercarse a esta casa".

Sientes una extraña ligereza en todo el cuerpo.

Aún no es peligroso. No del todo. El trauma no te libera solo porque te aprieten las esposas en las muñecas derechas. Pero algo en tu pecho, que ha estado tenso durante meses, se relaja por primera vez.

Empiezas a llorar antes de poder contenerte.

Matteo se acerca a ti en dos zancadas y luego se queda inmóvil, como si cada instinto le dijera que moverse es importante. "Cassidy".

Niegas con la cabeza violentamente, furiosa por las lágrimas, y aún más furiosa porque el alivio tiene un momento tan humillante. "Odio que todavía pueda hacerme esto".

Su rostro cambia.

No con lástima. Con una comprensión agudizada por la rabia. —No puede —dice en voz baja—. Ya no.

La seguridad en su voz es casi insoportable.

Te levantas bruscamente, porque si te toca ahora, te derrumbarás de una forma demasiado antigua para sobrevivir con elegancia. Pero tus piernas te traicionan, y por un segundo humillante, la habitación se tambalea.

Matteo te sujeta.

Sin dramatismo.

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